La paz de Westfalia

Europa ha sido en muchas ocasiones escenario de guerras. Las más recientes -la guerra en el territorio de la antigua Yugoslavia y las dos Guerras Mundiales– han sido sin duda las más cruentas en nuestra historia. Sin embargo, hay otro conflicto que a veces olvidamos porque pertenece al siglo XVII: la Guerra de los Treinta años, que arrasó Europa entre los años 1618 y 1648. Cuando los poderes europeos firmaron finalmente la paz en las dos ciudades de Münster y Osnabrück, no eran conscientes de hasta qué punto cambiarían el escencario internacional. El Tratado de la Paz de Westfalia estableció las bases del sistema internacional tal como lo conocemos ahora.

 

¿Qué ocurrió?

Se ha escrito mucho sobre esta guerra, por eso me quiero limitar a esbozar en pocas líneas lo que pasó. La guerra de los 30 años comenzó como una guerra de religión, donde la Iglesia Católica intentó recuperar su influencia que había perdido a causa de la expansión del protestantismo. El éxito del nuevo credo religioso se debió no sólo a motivos religiosos, sino también a circunstancias geoestratégicas. Los súbditos de cualquier principado eran obligados a “confesar” la misma fe que sus príncipes, de ahí el gran interés de la Iglesia en frenar la expansión de principados que se habían convertido al protestantismo. Los 30 años de guerra cobraron entre 3,5 millones y 4,5 millones de vida, la mayoría de ellas entre la población civil.

Otro poder que luchaba por mantener su influencia en Europa fue el poder imperial de los Habsburgos. Muchos príncipes de los territorios alemanes ya no estaban dispuestos a aceptar el papel de meros vasallos de un emperador lejano. Reinvindicaron su independencia política tanto de Roma como del poder imperial. La razón por la que muchos de ellos adoptaron la confesion protestante era ganar esta independencia. La Guerra de Treinta años terminó 1648 en Münster, cuando Fernando III de Habsburgo reconoció formalmente la independencia de las Siete Provincias unidas que hoy en día forman los Países Bajos. Con la Paz de Westfalia terminó la hegemonía de los Habsburgos y de la Iglesia Católica en Europa.

Como vemos, esta guerra europea se liberó bajo el manto del credo religioso, pero el verdadero motivo fue la lucha por el poder en nuestro continente. Hay quienes comparan este conflicto con la situación en Próximo Oriente, especialmente con el escenario de Siria.

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¿Qué novedades trajo el Tratado de Paz?

Ahora veremos por qué la Paz de Westfalia supuso un cambio paradigmático en Europa.

  • Las confesiones que habían emergido como consecuencia de la Reforma, disfrutarían en adelante igualdad legal con la confesión católica. Roma perdió su hegemonía en la política real y en lo espiritual.
  • El principio de cuius regio, eius religio, según la cual la religión del príncipe era vinculante para todos los súbditos de su territorio fue anulado. Esta modificación y la igualdad de todas las confesiones suponen un primer paso hacia la secularización.
  • Una consecuencia mucho más importante que sigue vigente hasta hoy, es el reconocimiento de la soberanía. El imperio español reconoció legalmente la independencia de las siete provincias que hoy en día forman los Países Bajos. Asimismo, Suiza fue reconocido como una nación independiente.
  • El cambio más significativo fue el reconocimiento de las alrededor de 360 principados y ducados alemanes como sujetos soberanos e independientes. Estos territorios obtuvieron el derecho a ejercer su propia política exterior. Esto asienta la base del sistema internacional moderno, porque la soberanía de cada Estado y el derecho a entablar relaciones internacionales con otros Estados son los principales rasgos del actual sistema internacional.

La otra cara de este nuevo panorama es la gran fragmentación del territorio centroeuropeo y alemán. Este mapa muestra un grado de fragmentación mucho más alto que en otras zonas europeas. Además, se percibe en este mapa el germen del nacionalismo alemán que trató en los siguientes siglos recuperar la idea de un imperio con una lengua común, con todas las consecuencias nefastas que ha sufrido nuestro continente. Es sólo una opinión personal, pero para mi está claro que Europa no puede permitirse de nuevo los fantasmas de los nacionalismos o la hegemonía de un país .

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Las consecuencias para el sistema internacional de hoy

El principio de soberanía dentro del propio territorio y la igualdad legal hacia otros Estados son, sin duda, los rasgos más visibles del actual sistema internacional. Ambos principcios se plasmaron por primera vez en 1648 y desde entonces, cada vez más territorios los han reclamado. En 1945, tras la II Guerra Mundial, 51 Estados crearon con su firma la Organización de Naciones Unidas. En los siguientes años se incorporaron otros países porque veían las ventajas de pertenecer a una organización internacional que les garantiza igualdad legal con otros países. Antiguas colonias en Asia y África consiguieron su independencia de los poderes europeos con la adhesión a la ONU. Durante este proceso, llamado descolonización, nacieron nuevos países como India, Pakistán, Irak, Jordania, Congo y muchos más. Con la última incorporación de la República del Sudán del Sur tras un referéndum en 2011, la ONU cuenta ahora con 193 países miembros.

Cuando los Estados se adhieren a Naciones Unidas, se comprometen a resolver conflictos por vía pacífica. Desde luego, sobra advertir del abismo que separa la realidad internacional del sublime tono de la Carta de Naciones Unidas. En la actualidad, la mayoría de las guerras ya no surgen entre dos países, sino dentro de las fronteras. La comunidad internacional tarda normalmente mucho tiempo en intervenir, no sólo por intereses particulares de los miembros del Consejo de Seguridad, sino también por los principios de la inviolabilidad de las fronteras y la soberanía de cada Estado.

 

Friedenssaal, la sala donde se firmó el tratado de paz

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El ayuntamiento histórico de Münster

 

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