18 meses sin pisar tierra firme

El negocio de las gambas congeladas

Cuando hacemos un viaje, lo planificamos, buscamos rutas, hoteles, lugares de interés, hacemos las reservas y en el momento deseado nos vamos. Así de simple. Si vamos a un país que no pertenece a la Unión Europea, solicitamos previamente un visado y normalmente nos podemos mover con bastante libertad. Esta libertad debería existir para todo el mundo, pero desgraciadamente no es así. Parece una perogrullada, pero la mayoría de la población de este planeta no puede hacerlo. A muchas personas les faltan recursos para viajar, mientras otras se ven obligadas a hacerlo para buscar mejores oportunidades en otro país.

El periódico The Guardian publicó el martes 10 de junio un reportaje  sobre las condiciones en las que viven muchos trabajadores en barcos pesqueros tailandeses. El artículo relata que estos barcos cogen lo que otros barcos descartan, pescado incomestible por su tamaño u otros razones. Este pescado de descarte se transforma en fábricas en harina de pescado, que posteriormente se vende a Charoen Pophand, el mayor productor mundial de gambas. Charoen Pophand es un conglomerado de empresas que en 1921 fue fundado en Bangkok por dos inmigrantes de origen chino. Una de las áreas de negocios es CP Foods, que se autodenomina sin la menor modestia “la cocina del planeta”. CP Foods es uno de los proveedores más importantes para cadenas de supermercados como Walmart, Carrefour, Costco, Tesco, Morrison, Aldi UK, Coop y Iceland. Las gambas, hace algunos años un producto de lujo, se han vuelto ahora en productos muy asequibles en nuestro entorno. Para la producción de gambas congeladas, CP Foods necesita enormes cantidades de harina de pescado, que se obtiene a través de los mencionados barcos y las fábricas que pasan el pescado de descarte por grandes molinos.

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Tailandia es uno de los mayores productores de marisco. Según datos de la Walk Free Foundation, Tailandia produce anualmente la increíble cantidad de 4,2 millones de toneladas. Esto equivale al peso acumulado de 4,2 millones de coches como el Renault Clio, para hacerse una idea, esto sí, sin pasajeros y equipaje. Un país con esta producción de marisco podría imponer con cierta facilidad estándares de calidad en producto y en condiciones laborales, pero la realidad se aleja bastante de este ideal. Según The Guardian, todo, la pesca, la producción de harina de pescado y sobre todo el “reclutamiento” de la fuerza laboral está en manos de una mafia, en la que todos se llevan un trozo de la tarta: los capitanes de los barcos, las fábricas, policías que “controlan” los puertos y los intermediarios que compran y venden las personas que trabajan en estos barcos. Todos ganan, excepto las personas vendidas. Es un negocio lucrativo para todos. Los barcos funcionan con licencias de pesca falsificadas y las autoridades tailandesas niegan la existencia de estos barcos fantasma (ghost ships). Hay fábricas de harina de pescado que emplean hasta diez de estos barcos.

 

Hasta ahora hemos hablado del gran negocio que hay detrás de la cría y la venta de las gambas. Para el comercio y aún más para los consumidores es fácil ignorar el gran esfuerzo humano relacionado con una producción de estas dimensiones. Nadie conoce la inmensa tragedia humana que hay detrás de la captura de este tipo de pescado. Es el mérito de ONGs y de The Guardian, que llegamos a conocer algunos nombres. Vuthy, un monje camboyano, cuenta cómo fue vendido y revendido de un capitán a otro. El precio de un trabajador puede alcanzar 250 libras, unos 313 Euros. Muchos de los trabajadores vienen de países como Laos, Burma y Camboya. Entran en Tailandia a través de mafias a las que tienen que pagar un precio para que se les lleve a este país. Llegan con la idea de trabajar en obras o fábricas. Una vez llegados, se encargan unos intermediarios (los broker) de la “venta” de estos hombres a los capitanes. Los hombres comienzan su “vida laboral” en un barco con una cantidad de deudas que no consiguen pagar hasta pasado mucho tiempo. Uno de los hombres que fue “rescatado” por una ONG por 450 libras (unos 564 euros), cuenta que había pasado 18 meses en la cubierta de diferentes barcos, sin pisar una vez tierra firme. Otra víctima cuenta que él mismo había presenciado unas 20 ejecuciones a bordo y como un hombre que se había atrevido a rebelarse contra el capitán de su barco, fue descuartizado posteriormente, atado a cuatro barcos.

Por muy espeluznante que sean estos relatos, sólo son la parte visible de un fenómeno tan viejo como la humanidad misma. La hemos visto en la Antigüedad, en la Edad Moderna y estamos lejos de haber superado esta oscura parte de la existencia humana que se aprovecha de la vulnerabilidad de los suyos para negocio con ellos.

El problema mundial de la trata humana y de la esclavitud

Según la Organización Internacional de Trabajo (OIT), una organización perteneciente a la ONU, hay globalmente unos 21 millones hombres, mujeres y niños esclavizados. La Walk Free Foundation llega a un número aún más alto: 29,8 millones de personas viven en condiciones de esclavitud, casi 9 millones más que en las estimaciones de la OIT. Esta organización que declara como objetivo terminar con la esclavitud a través de un movimiento activista global, cuenta con el apoyo de muchos personajes famosos, políticos y humanistas, como por ejemplo Hillary Clinton, Bill Gates, Bono, Muhammad Yunus o Richard Branson.  Esta fundación distingue entre esclavitud, trabajo forzoso y tráfico humano. Los tres fenómenos están interrelacionados, pero se diferencian en su alcance.

  • Esclavitud: las personas se venden y compran como si fueran objetos o productos
  • Trabajo forzoso: relacionado con el concepto de esclavitud pero no idéntico. Trabajo sin propio consentimiento; acompañado por coerción o violencia.
  • Tráfico humano: describe el proceso con el que se lleva a las personas a la esclavitud, mediante engaño y amenazas

La organización elabora un ranking de 162 países. Su índice, el Globalslaveryindex clasifica los mejores diez países y los peores (obteniendo las posiciones 1 – 10). Según Walk Free Foundation, hay entre 450.000 y 500.000 personas esclavizadas en Tailandia. Este país ocupa la posición 24 en el índice, Brasil 94.  En números absolutos, los países India, China, Pakistán, Nigeria, Etiopía, Rusia, Tailandia, la República Democrática del Congo, Myanmar y Bangladesh suman en total el 76% de la esclavitud mundial.

Normalmente son mafias locales que se encargan de traer a las personas. Para nosotros es difícil comprender cómo es posible que tantísimas personas puedan caer en las manos de las mafias pero debemos tener en cuenta que estas personas no suelen conocer exactamente la situación del país al que se les lleva. En muchos casos se les promete un trabajo en fábricas, la construcción o de asistencia en hogar, siempre a cambio de un salario razonable. La mayoría de ellos paga una comisión para que se les lleve al otro país. Las mafias se quedan con los pasaportes de las víctimas, para “facilitar los trámites”. Cuando llegan al país destino, descubren que la situación es diferente. Se les mete en trabajos forzados, y lo que ganan, les sirve principalmente para pagar su deudas. La mayoría de las mujeres terminan en burdeles o en matrimonios forzados.

Resulta difícil imaginarse que alguien se deje engañar “tan fácilmente”, pero no hace falta mirar al otro hemisferio para encontrar este mecanismo de captación de personas. Lo mismo se hizo con trabajadores que iban a trabajar en los centros logísticos alemanes de Amazon. En España se les prometió un contrato laboral con buenas condiciones y la perspectiva de convertir estos contratos en contratos fijos. Pero no se firmó nada en España. Los trabajadores se desplazaron a Alemania, y una vez llegados ahí, se les hizo firmar otro contrato con una empresa de subcontratación. Vivieron hacinados en una urbanización de vacaciones, vigilados por una “empresa de seguridad” relacionada con neonazis alemanes. Todo salió a la luz gracias a este documental de la televisión pública.

Aunque hay grandes diferencias entre el caso de los pescadores en Tailandia y los trabajadores españoles en Amazon, los mecanismos son los mismos: la promesa de un trabajo lucrativo, el engaño y la amenaza.

Antislavery es otra Organización No-gubernamental (ONG), que lucha contra la esclavitud. Su central se encuentra en el Reino Unido, fue fundada en 1839 y es la más antigua organización internacional que lucha por los derechos humanos. Esta organización trabaja en los niveles local, nacional e internacional contra la esclavitud. En enero de este año (2014) crearon un proyecto, llamado Issara para conseguir mediante presión internacional terminar con la explotación de las personas en Tailandia. Issara significa paz en varios idiomas de Asia sudoriental. Según Antislavery, hay unos cuatro millones de trabajadores procedentes de Burma, Camboya y Laos, de los cuales varios cientos de miles trabajan en condiciones de esclavitud, principalmente en la producción de marisco, envasado de fruta, la producción textil y de la electrónica. El proyecto Issara ofrece ayuda directa a las personas afectadas, además de formación en derechos humanos y laborales en las empresa implicadas. A nivel internacional, la organización trata de conseguir que las grandes cadenas se impliquen más para mejorar las condiciones laborales.

Contrariamente a las grandes cadenas que compran las gambas procesadas, el portavoz de CP Foods UK es el único que reconoce que en la empresa son conscientes de las condiciones de esclavitud a las que están sometidas tantas personas en la pesca. En la entrevista para The Guardian recalca también que sería mejor que CP Foods como cliente de la industria pesquera tailandés ejerza su presión en lugar de abandonar el lugar y buscar otros proveedores. Nada más publicarse el artículo en el periódico, CP Foods repitió esta declaración de forma oficial. Queda por ver si la compañía mantiene su disposición a asumir su responsabilidad.

El US States Department, el equivalente organismo al Ministerio de Asuntos Exteriores, publica cada año un informe sobre la situación del tráfico humano. Este informe, llamado Trafficking in Persons Report, analiza la situación del tráfico humano en todos los países, para clasificarlos en tres diferentes niveles, dependiendo de los esfuerzos que comete el país en cuestión para abordar este problema. Desde el 20 de junio de este año, Tailandia se encuentra en el nivel 3, el nivel más bajo.

Mapa que representa la situación sobre la trata humana basados en datos de 2013

Mapa que representa la situación de la trata humana basada en datos de 2013

No quiero dar la impresión de que estos problemas se centren exclusivamente en países asiáticos. Al contrario, el tráfico humano y su aspecto más visible, la prostitución, es algo “normal” en todos países desarrollados, también en el seno de la Unión Europea. A los que quieren informarse más sobre este tema, recomiendo Esclavas del poder. Un viaje al corazón de la trata sexual de mujeres y niñas en el mundo, de la periodista mejicana Lydia Cacho.

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6 comentarios en “18 meses sin pisar tierra firme

  1. Escalofriante. Muy buen artículo, sabemos que pasan estos horrores, pero hasta que no se leen en un artículo bien escrito y con datos no nos hacemos a la idea de lo que realmente significan. A ver si aprendemos.

    Un saludo.

  2. Hola Andreas, recién puedo leer tu post, muy bueno por cierto, yo también escribí en mi blog un tema sobre el esclavismo moderno, aunque mas dirigido a la reflexión y a la auto-critica. El tuyo tiene mas pormenores. Realmente es patético lo que acontece a vista y paciencia de autoridades que también se benefician de la esclavitud. Abrazos

    • Hola Alejandra:
      Gracias por tu comentario. Aunque el tema de la esclavitud sea un tema político y económico, es muy importante la reflexión y la auto-crítica. A veces nuestro papel de consumidor es el único remedio para actuar contra estas prácticas, pero por lo menos sirve para concienciar a nosotros y nuestro entorno.
      Otro abrazo para ti

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