Buscando la armonía

Los que practicamos Aikido, hemos tenido que responder alguna vez a esta pregunta: Aikido, ¿qué es eso? Una de las respuestas más comunes dice que es un Arte Marcial donde se pretende aprovechar la energía del otro para resolver un conflicto. Si bien la respuesta explica un aspecto técnico de Aikido, faltan otros matices no menos importantes. La palabra Aikido está compuesta por tres Kanji, que en occidente solemos traducir como  paz o armonía para Ai, energía para el kanji ki y camino para el último de los kanjis, do. Existen muchas traducciones del término Aikido, de las cuales El camino de la armonía es una de las más comunes, aunque si usamos esta traducción, dejamos aparte el aspecto del ki, la energía universal. Aquí me quiero concentrar en el aspecto de la armonía, porque para el fundador del Aikido, Morihei Ueshiba, encontrar la armonía era un aspecto clave a partir de un determinado momento,  el momento en que la II Guerra Mundial terminó. Puesto que este blog está dedicado en parte a proyectos o a personas que me parecen importantes por su implicación en fines altruistas, creo que no puede faltar un arte marcial que se dedica al estudio de resolver conflictos de una forma menos violenta.

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La mayoría de las técnicas de Aikido forman parte de la defensa personal de los samurais, los miembros de la casta militar en Japón. A partir de la era Tokugawa (1603 – 1866), el Shogún Tokugawa Ieasu consiguió pacificar el país después de una larga guerra civil. Una de las medidas que el Shogun aplicó para pacificar el país, fue prohibir las armas a todas aquellas personas que no pertenecieran a la casta militar. Sólo los samurais ostentaban el derecho a llevar armas, que consistían en la espada japonesa (Katana) y una espada más corta (Wakizashi), ambas recogidas en el cinturón. A pesar de que el resto de la población estaba desarmada, los habitantes de las aldeas se vieron en muchas ocasiones obligados a defenderse contra los representantes de los barones feudales (Daymios) que exigían el pago del tributo, o contra los Ronin (samurais vagabundos). Los habitantes de estas aldeas se dedicaban normalmente a la pesca y a la agricultura. Para resistirse al acoso de los samurais, no tenían otro remedio que atacarlos en una emboscada, como por ejemplo en un camino estrecho en el bosque. El objetivo de estos ataques era impedir que un samurai tuviera la oportunidad de desenvainar su katana. Por este motivo, una parte básica de la defensa personal de un samurai consistía en impedir que un atacante le controlara los brazos, mientras que los pescadores y agricultores desarrollaron con el tiempo formas de lucha con palos o manos vacías, de lo que posteriormente evolucionaría Karate, el sistema de defensa de la mano vacía.

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Los sistemas de defensa personal, tanto de la casta militar como la de la población rural, se refinaron con el tiempo dando lugar a muchas escuelas que se diferenciaban a veces poco entre ellas. La casta militar había gobernado el país hasta el inicio de la Era Meiji (1866-1912), cuando el Emperador Meiji consiguió centrar de nuevo el poder real en sus manos, algo que a sus antecesores había resultado imposible porque tenían que compartir siempre el poder con el Shogun. Los que habéis visto la película El último Samurai, quizás os acordáis de la escena en la que el Samurai Katsumoto es obligado a dejar su Katana fuera de la sala donde se reuniría con el joven Emperador Meiji. Para un miembro de la casta militar era impensable separarse de sus armas, por lo que no resulta difícil hacerse una idea de lo humillante que era este requerimiento. Esta escena, que no sabemos realmente si ocurrió así, simboliza el inicio de la Era Meiji, en la que el poder real se volvería a la Corte del Emperador.

Después de la Restauración Meiji, la política exterior de Japón que, en los siglos anteriores había oscilado entre el aislamiento y la apertura cautelosa hacia el exterior, se hizo cada vez más agresiva. Japón se involucró en la guerra contra el Imperio de Rusia entre 1904 y 1905 y décadas más tarde, entre los años 1937 y 1945, en la guerra sino-japonesa que supuso la invasión de China. Se alió con Alemania e Italia, con los que formaría las Potencias del eje. Se enfrentó con Estados Unidos, cuando en 1941 atacó sin previa declaración de guerra la flota americana en la base naval de Pearl Harbor en Hawai. Al día siguiente, Estados Unidos entró en la Guerra Mundial. El desenlace final fueron las bombas nucleares de Hiroshima  y Nagasaki, en 1945,  y la posterior rendición de Japón. Las bombas traumatizaron el país durante  muchas décadas. Una simple búsqueda del término Hiroshima devuelve imágenes donde un calificativo como espantoso se queda corto. Las autoridades americanas obligaron a la delegación japonesa a firmar el documento de Rendición a bordo del USS Missouri, un buque de batalla. Tanto las bombas nucleares como la elección del lugar para la firma de la rendición significaron un punto de inflexión en el ideario japonés que, durante siglos, había cultivado una cultura guerrera que despreciaba el acto de rendirse. Recordemos el acto Seppuku,  el ritual del suicidio con el que un samurai vencido puede recuperar su honor. En Occidente lo llamamos Hara-Kiri, aunque con este nombre reducimos el ritual al corte del abdomen. Hubo varios oficiales de alto rango que se suicidaron tras la rendición de Japón, porque tal acto era algo inaceptable para ellos.

La firma del documento de rendición por el Ministro de Exteriores Mamoru Shigemitsu

La firma del documento de rendición por el Ministro de Exteriores Mamoru Shigemitsu

Es difícil comprender la evolución de las Artes Marciales sin conocer el contexto histórico, sobre todo tras la rendición. Durante los primeros años de posguerra, las autoridades americanas prohibieron la práctica de las Artes Marciales, por lo que en muchas escuelas (ryu)  se realizaba el entrenamiento de forma clandestina.

Después de tanta historia volvemos al Aikido. Su fundador, Morihei Ueshiba (1883-1969), había estudiado diferentes Artes Marciales antes de crear su propio estilo que, a partir de 1942, se llamaría Aikido. Ueshiba se distanció cada vez más del cuerpo militar donde durante muchos años había encontrado muchos alumnos. Los acontecimientos sucedidos en 1945 reforzaron su deseo de dar una orientación más pacífica a este arte marcial, buscando el modo de evitar los enfrentamientos y solucionar conflictos de una forma menos violenta porque, evidentemente, es imposible evitar los conflictos. Somos humanos, somos imperfectos y todos tenemos nuestros intereses particulares, lo que crea conflictos de forma continuada. Desde el punto de vista técnico, muchas aplicaciones que antes terminaban con la rotura de articulaciones e incluso con la muerte del oponente, fueron cambiadas de tal manera que perdieran este fin violento, terminando con un simple control en el suelo, del que ambos, Uke (el atacante) y Tori (el defensor) pudieran levantarse sin más secuelas, “manteniendo ambos su cara”.  Ueshiba trató de suavizar todas las aplicaciones marciales para convertirlas en un sistema que evitara choques violentos entre los practicantes. Trata de combinar firmeza con flexibilidad. No existen competiciones eliminatorias en Aikido, porque la competición nutre actitudes como la envidia o el deseo de vencer al otro, actitudes que son opuestas al espíritu del Aikido.

El maestro Morihiro Saito enseñando una defensa contra agarre del antebrazo

El maestro Morihiro Saito enseñando una defensa contra agarre del antebrazo (kokyo-nage contra morote-dori).

La participación en eventos públicos se limita normalmente a exhibiciones. En lugar de estas competiciones se celebran con frecuencia seminarios que sirven para intercambiar diferentes enfoques técnicos y , como no, para conocer a otros practicantes. Para entender el empeño pacífico del Aikido, hay que saber también que Ueshiba era miembro de la secta Omoto, que en los años anteriores a la guerra tenía el objetivo de extender su religión a todo el mundo. Aunque Ueshiba luego se distanció de la secta, quizás su deseo de transmitir el “camino de la armonía universal” a todo el mundo se debe a aquellos años. Después de la guerra, Ueshiba pasó la mayor parte de sus vida en Iwama, un pueblo en la prefectura Ibaraki. Es probable que su delicada salud en aquellos años le obligara a alejarse del barullo de la capital japonesa. En Iwama consiguió combinar su dedicación al Aikido con su lado espiritual.

En las siguientes décadas, Aikido se extendió bastante rápido, sin duda alguna por los esfuerzos del mismo fundador, de su hijos y de las siguientes generaciones de practicantes de Aikido.

Morihei Ueshiba

O’Sensei Morihei Ueshiba

 

A pesar de ser un Arte Marcial muy joven, se han creado diferentes escuelas en relativamente poco tiempo. Las diferencias entre las escuelas pueden ser de carácter puramente técnico, pero también podemos encontrar diferentes acentos en su orientación filosófica. Aún así, todas se suscriben al espíritu pacífico del Aikido. Como en sus inicios, se enseña su aplicación en las fuerzas de seguridad, pero vemos también que se trasladan las enseñanzas a otras esferas, como por ejemplo la comunicación en el ámbito laboral. Incluso en negociaciones con posiciones opuestas, el espíritu de “unirte con el otro” puede facilitar un resultado que satisface a todos porque, al final, si las partes se sienten en la mesa para negociar, es porque tienen un objetivo común.

Como toda actividad que requiere una dedicación más o menos intensa, nos ayuda a desarrollarnos y creo que es imposible no transferir lo aprendido a otras esferas de nuestra vida personal. Quizás, donde más se nota esta influencia es cuando nos damos cuenta de que en una situación conflictiva hemos optado por la empatía en vez de enfrentarnos. En el mundo de las Relaciones Internacionales, encontraremos muchos ejemplos de conflictos que siguen siempre las mismas pautas: intereses egoístas, intransigencia y miedo. En 1991, la Organización de Naciones Unidas declaró Aikido el arte marcial de la paz, por su espíritu pacífico.  Ya sé que es utópico que algún día despertemos en un mundo pacificado, pero me sigue fascinando el ejemplo de Japón que fue capaz de superar su pasado y transformarse en un país pacífico, la misma evolución que experimentó un Arte Marcial gracias a Morihei Ueshiba.

Todo resulta muy teórico si no se conoce el funcionamiento del Aikido. Por eso incluyo aquí un documental que cuenta la historia del Aikido y que contiene algunas escenas donde se puede apreciar la belleza de este Arte. Como dijo un amigo: “Para mí, ver este documental es como renovar los votos”.

 

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9 comentarios en “Buscando la armonía

  1. Me ha encantado tu artículo. Enhorabuena por este tipo de iniciativas a favor del aikido. LLevas una muy buena progresión personal y tecnica en los entrenamientos. Todo un exito de sacrificio personal que de seguro dara sus frutos. Te animo a seguir asi.

  2. Pingback: Aikido en Línea Buscando la armonía, por Andreas Westhues
  3. Me ha gustado mucho, el artículo, el vídeo… Me queda muchísimo por aprender, pero pasito a pasito…
    Gracias por compartir, ésto te da fuerzas para seguir en el camino…. a pesar de haber empezado un poco tarde.

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