Entre idealismo y realismo I

Las personas tenemos una forma muy personal de ver las cosas.  Es como un par de gafas que llevamos puestas todo el día y esto hace que veamos las cosas de una forma quizás más optimista o más bien pesimista. Esto depende mucho de nuestro carácter, y desde luego de nuestra historia personal.

Alguien que haya tenido que luchar en sus primeros años, quizás tienda más a ser realista respecto al futuro que alguien que lo haya tenido más fácil. Pero no quiero explayarme aquí en tópicos, sino hablar de dos conceptos que aparecen mucho en el estudio de relaciones internacionales.

 

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Dos maneras de ver lo que ocurre en el mundo

Idealismo y Realismo son dos orientaciones cuasi opuestas en las relaciones internacionales. Son dos posiciones que podemos encontrar fácilmente en nuestro entorno personal. Un idealista es una persona que actúa siguiendo sus ideales, que quizás aún no se han materializado en la realidad pero que, aún así, considera válidos para luchar. En cambio, un realista tiende más bien a actuar sin seguir ideales, lo que no excluye que los tenga, pero un realista ve muy limitada la posibilidad de hacerlos realidad. En las relaciones internacionales, estos dos conceptos fueron tratados durante mucho tiempo como posiciones antagónicas.

Esto, en parte, se debe a la poca edad que tiene esta rama de Ciencia Política. Llevamos relativamente poco tiempo estudiando de forma sistemática lo que ocurre en el mundo. El estudio de relaciones internacionales nació después de la Primera Guerra Mundial. En Aberystwyth y la London School of Economics and Political Science se crearon las primeras cátedras para estudiar las relaciones entre los países. La entrada al siglo XX había estado acompañada de varias guerras cruentas, pero las atrocidades de la Primera Guerra Mundial (1914-1918) dejaron claro que algo tenía que pasar. Todos conocemos las imágenes de esta guerra, donde se emplearon por primera vez en gran escala los tanques y la aviación, así como armas químicas.

Muchos pensadores llegaron a la conclusión de que no debería repetirse semejante carnicería. Hasta entonces, muchos países se habían portado como si fueran jugadores en un juego de mesa a escala global. La mayoría de los regímenes eran monarquías, y no pocas de las casas reales consideraron la política internacional como un partido en el que había que sacar la mejor parte para sí mismo. Desde luego existían pactos entre diferentes países, pero no hubo ninguna institución que estuviera encima de ellos. La situación de desorden internacional era tal que muchos pensadores no dudaron en llamar anarquismo internacional, donde cada uno actuaba como mejor le antojaba. Un realista sostiene que esta situación es así porque la lucha por el dominio es inherente al carácter humano. No hay solución, sólo se puede evitar que un país se convierta en un país agresor cuando haya otros países o alianzas que sean suficientemente fuertes. Es una posición bastante pesimista, que muchos políticos y teóricos no estaban dispuestos admitir como algo invariable.

Woodrow Wilson presenta su plan de 14 puntos en el congreso americano

La Sociedad de Naciones

El presidente de Estados Unidos, Woodrow Wilson presentó un plan de 14 puntos, entre los que figuraba crear una sociedad internacional cuyo objetivo era trasladar los conflictos entre los países a un nivel de negociación internacional. Nació así la Sociedad de Naciones, un primer intento de crear una institución que estuviese encima de los países. Fue la primera vez en la historia de la humanidad que se intentó crear una institución con este objetivo. Alguien que defiende la idea, que los conflictos entre los diferentes países deberían ser solucionados de forma pacífica en un foro neutral, puede ser llamado idealista, que es el nombre que los defensores de esta idea recibieron. La Sociedad de Naciones realmente no estaba encima de los países, porque ningún país estaba dispuesto a ceder poder a ninguna institución. A la Sociedad de Naciones le faltaban mecanismos jurídicos para ejercer presión en caso de conflictos. Hubo algunos éxitos parciales en conflictos de menor grado, pero la Sociedad de Naciones no tuvo el éxito que se esperaba ya que poco tiempo, en los años 20, surgieron los fascismos en varios países europeos. El Nazismo alemán y el holocausto que culminó con la muerte de 15 millones personas en los campos de concentración, aterrorizaron a todo el mundo. La Segunda Guerra Mundial se saldó con un balance mortal de entre 50 y 70 millones de personas, nadie tiene los números exactos. Las dos bombas atómicas en Hiroshima y Nagasaki costaron la vida de forma inmediata a más de 200.000 personas, mientras la radiación dejó secuelas en los que sobrevivieron.

En 1945, cuando terminó todo este horror, ¿quién pudo llamarse idealista? La humanidad se encontraba mirando horrorizada al abismo, y le costó darse la vuelta y volver a empezar. De nuevo vemos aquí la tensión entre idealismo y realismo. Los poderes aliados vieron que la Sociedad de Naciones no había sido capaz de parar ni los fascismos ni la guerra, porque le faltaban los mecanismos para solucionar conflictos por la vía pacífica. ¿Qué hacer? ¿Dejar todo como estaba y confiar en que un país como Estados Unidos que se había convertido en poder global pudiera solucionar todo con su capacidad militar? No pocos hubieran preferido esta vía, porque no confiaban en ninguna organización que fuera capaz de evitar lo ocurrido. Y desde luego, hubo otras voces que insistían en la idea de proveer una organización con mecanismos más fuertes, porque no se podía dejar a todo el mundo en un estado cuasi-anárquico, donde cualquier país suficientemente agresivo pudiera aniquilar a otros.

El 26 de junio de 1945, 50 Estados, entre ellos los países aliados, firmaron la Carta de San Francisco, el documento que dio lugar a la creación de la Organización de Naciones Unidas. Veremos en el siguiente artículo que, a pesar de la creación de la ONU, la pugna entre idealistas y realistas nunca he cesado.

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Un comentario en “Entre idealismo y realismo I

  1. Pingback: Entre idealismo y realismo II | El blog de Andreas Westhues

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